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Hace nueve años la condena de los Arellano Félix sobre Jesús Blancornelas falló. El periodista potosino aprendió a buscar su propia libertad de prensa a pesar de los ataques que sufrieron sus más cercanos colaboradores y él mismo, y del soborno con que se le quiso callar
Jesús Blancornelas sobrevivió nueve años: se ordenó que muriera un día como hoy, el de 1997. Los hermanos Arellano Félix, Ramón particularmente, lo habían condenado. Y ese día, cuando el periodista y su guardián Luis Valero Lizaldi se dirigían al aeropuerto de Tijuana, atravesaron un coche en su camino, y balearon interminablemente la camioneta donde Valero cubrió con su cuerpo el del periodista. Al cabo del tiroteo, el guardia tenía 38 perforaciones y estaba muerto. Blancornelas pudo superar las cuatro lesiones que los atacantes le infirieron, una de ellas en un pulmón, distinto del que este jueves incubó a la muerte.
Veinte años atrás la vida periodística de Blancornelas había dado un vuelco. Reportero y director de diarios en Baja California (a donde había llegado en 1960, desde su natal San Luis Potosí) fue hartándose del convencionalismo de la prensa de Mexicali y Tijuana (y de Hermosillo): "Era una falsedad la existencia de la libertad de prensa. Nadie se atrevía a reprochar al Gobierno". Los que lo hacían, la pagaban. A él mismo le ocurrió: "En Mexicali me despidieron por criticar las altas tarifas de electricidad... En Hermosillo, nada más traté la...